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Espondilitis anquilosante

Orthopedics 15 min read
Medically reviewed by Acibadem Health Point Medical BoardLast updated junio 25, 2026
Quick answer

La espondilitis anquilosante es una artritis inflamatoria crónica que afecta principalmente la columna vertebral y las articulaciones sacroilíacas. Es un trastorno autoinmunitario en el que el sistema inmunitario del cuerpo no funciona correctamente.

Espondilitis anquilosante es una artritis inflamatoria crónica que afecta principalmente la columna vertebral y las articulaciones sacroilíacas. Es un trastorno autoinmunitario en el que el sistema inmunitario del cuerpo ataca tejidos sanos. Esto provoca inflamación, dolor y rigidez en la espalda y otras zonas.

Esta afección forma parte de un grupo de enfermedades reumáticas llamado espondiloartritis. Con el tiempo, la inflamación crónica puede fusionar las vértebras de la columna. Esto reduce la flexibilidad y la movilidad. Impacta significativamente la vida diaria, causando dolor lumbar crónico y limitando las actividades.

No existe una cura para la espondilitis anquilosante, pero el diagnóstico y el tratamiento tempranos pueden ayudar. Pueden controlar los síntomas, ralentizar la progresión de la enfermedad y mejorar la calidad de vida. Es importante comprender las causas, los síntomas y las opciones de tratamiento para quienes viven con esta afección.

¿Qué es la espondilitis anquilosante?

Espondilitis anquilosante (AS) es una afección crónica que afecta principalmente la columna vertebral y las articulaciones sacroilíacas. Es un trastorno autoinmunitario que causa inflamación en las articulaciones y ligamentos de la columna. Esto provoca rigidez, dolor articular y puede hacer que la columna se fusione con el tiempo.

Definición y descripción general

AS es un tipo de artritis que se incluye dentro de las espondiloartropatías. A menudo comienza en la adultez temprana y puede hacer que la columna se vuelva más rígida y menos móvil. La inflamación también puede afectar otras articulaciones, como las caderas, los hombros y las rodillas. Incluso puede afectar los ojos, los pulmones y el corazón.

Síntomas y signos

Los principales síntomas de la espondilitis anquilosante incluyen:

Síntoma Descripción
Dolor de espalda Dolor lumbar crónico y rigidez, peor por la mañana o después de estar sentado un rato
Sacroileítis Inflamación de las articulaciones sacroilíacas, que causa dolor en los glúteos y la parte baja de la espalda
Entesitis Inflamación en los sitios donde los tendones y ligamentos se unen a los huesos, causando dolor y sensibilidad
Fatiga Cansancio persistente y falta de energía debido a la inflamación crónica
Rigidez Disminución de la flexibilidad en la columna y otras articulaciones afectadas, peor después del reposo

Otros síntomas pueden incluir inflamación ocular (uveítis), dolor en el pecho y dificultad para respirar. A medida que la enfermedad empeora, la columna puede fusionarse, lo que lleva a una postura encorvada y movilidad limitada. El diagnóstico y el tratamiento tempranos son clave para controlar los síntomas y prevenir complicaciones.

Causas y factores de riesgo

Comprender las causas y los factores de riesgo de la espondilitis anquilosante es clave para el tratamiento temprano. Se desconoce la causa exacta, pero las investigaciones la relacionan con la genética y los desencadenantes ambientales. Estos factores pueden activar el sistema inmunitario.

Predisposición genética: el papel del HLA-B27

El gen HLA-B27 es un importante factor de riesgo para la espondilitis anquilosante. Las personas con este gen tienen más probabilidades de desarrollar la afección. Un análisis de sangre puede detectar el HLA-B27, lo que ayuda en el diagnóstico.

Tener HLA-B27 aumenta el riesgo, pero no todas las personas que lo tienen desarrollarán espondilitis anquilosante. Solo un pequeño porcentaje de los portadores desarrolla la afección. Esto muestra que también importan otros factores genéticos y ambientales.

Población Porcentaje con HLA-B27 Riesgo de desarrollar espondilitis anquilosante
Población general 6-8% 0.1-0.4%
Personas con espondilitis anquilosante 90-95% N/A
Familiares de primer grado de pacientes con espondilitis anquilosante 50% 10-20%

Desencadenantes ambientales

La genética es una parte importante de la espondilitis anquilosante, pero el entorno también desempeña un papel. Los desencadenantes pueden activar el sistema inmunitario, causando inflamación y síntomas en las personas en riesgo.

Entre los posibles desencadenantes ambientales se incluyen:

  • Infecciones bacterianas, como las causadas por Klebsiella pneumoniae
  • Disbiosis intestinal, o un desequilibrio en el microbioma intestinal
  • Tabaquismo, que puede empeorar la inflamación y la enfermedad

Se necesita más investigación para comprender cómo interactúan la genética y el entorno en la espondilitis anquilosante. Al conocer estos factores de riesgo, los médicos pueden diagnosticar y tratar antes, mejorando los resultados de los pacientes.

Diagnóstico y pruebas

El diagnóstico de la espondilitis anquilosante implica exámenes físicos, pruebas de imagen y análisis de sangre. Detectarla pronto es clave para un buen tratamiento y atención.

Los profesionales de la salud evalúan la columna, las articulaciones y la postura durante un examen físico. Buscan signos como inflamación, menor movilidad y características específicas de la espondilitis anquilosante. Estas incluyen flexión espinal limitada y sensibilidad de las articulaciones sacroilíacas.

Las pruebas de imagen son importantes para confirmar el diagnóstico y hacer un seguimiento de la enfermedad. Las radiografías muestran cambios en la columna y en las articulaciones sacroilíacas, como erosión y esclerosis. Las exploraciones por RM proporcionan imágenes detalladas de los tejidos blandos y pueden detectar inflamación temprana.

Prueba de imagen Finalidad
Radiografías Evaluar los cambios estructurales en la columna y las articulaciones sacroilíacas
RM Detectar inflamación temprana y afectación de los tejidos blandos

Los análisis de sangre ayudan a encontrar marcadores de inflamación y factores genéticos vinculados a la espondilitis anquilosante. Los niveles de velocidad de sedimentación globular (VSG) y proteína C reactiva (PCR) suelen estar elevados en la enfermedad activa. La prueba del gen HLA-B27 también respalda el diagnóstico, ya que es común en las personas con esta afección.

Ninguna prueba por sí sola puede confirmar la espondilitis anquilosante. Pero, en conjunto, los exámenes físicos, las pruebas de imagen y los análisis de sangre ayudan a los médicos a realizar un diagnóstico correcto. Luego elaboran un plan de tratamiento.

Opciones de tratamiento para la espondilitis anquilosante

El manejo de la espondilitis anquilosante requiere una combinación de medicación, fisioterapia, ejercicio y cambios en el estilo de vida. Trabajar con los profesionales de la salud ayuda a crear un plan de tratamiento. Este plan tiene como objetivo aliviar los síntomas, mantener la movilidad y mejorar la calidad de vida.

Medicamentos: AINE, FAME y fármacos biológicos

Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) suelen ser la primera opción. Incluyen ibuprofeno y naproxeno, que reducen la inflamación y el dolor. Para síntomas persistentes, pueden utilizarse fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAME) como la sulfasalazina para ralentizar la progresión de la enfermedad.

Los agentes biológicos, como los inhibidores del TNF, han cambiado la forma en que tratamos la espondilitis anquilosante. Los inhibidores del TNF, como etanercept y adalimumab, actúan sobre proteínas de la inflamación. Ayudan a reducir el dolor y la rigidez. Se recomiendan cuando los AINE y los FAME no funcionan lo suficientemente bien.

Fisioterapia y ejercicio

La fisioterapia es clave para mantener la flexibilidad, la fuerza y la postura en las personas con espondilitis anquilosante. Un fisioterapeuta crea un plan de ejercicio personalizado. Este plan incluye estiramientos, ejercicios de amplitud de movimiento y fortalecimiento.

El ejercicio regular combate la rigidez articular, mejora la movilidad de la columna y aumenta la función física. Las actividades de bajo impacto, como nadar, montar en bicicleta y hacer yoga, también son útiles. Mejoran la flexibilidad, la salud cardiovascular y la fuerza muscular sin dañar las articulaciones. Mantener una rutina de ejercicio es vital para controlar los síntomas y mantenerse bien.

Modificaciones del estilo de vida

Las opciones de estilo de vida saludable pueden ayudar mucho a controlar la espondilitis anquilosante. Mantener una buena postura al sentarse y al estar de pie reduce la carga sobre la columna y previene el daño articular. El uso de ayudas ergonómicas, como sillas y colchones de apoyo, también ayuda a mantener una alineación adecuada y la comodidad.

Practicar técnicas para reducir el estrés, como la respiración profunda y la meditación de atención plena, puede ayudar a controlar el dolor y mejorar el estado de ánimo. Dejar de fumar también es clave, ya que fumar puede empeorar la actividad de la enfermedad y reducir la eficacia del tratamiento.

Vivir con espondilitis anquilosante

Vivir con espondilitis anquilosante puede ser difícil, pero hay formas de controlar los síntomas y mantener una buena calidad de vida. Centrarse en el control del dolor, ahorrar energía, estirarse y recibir apoyo ayuda mucho. Estos pasos ayudan a las personas con AS a afrontar los desafíos diarios de esta afección crónica.

Control del dolor y la fatiga

Controlar el dolor es clave al vivir con AS. Los analgésicos de venta libre como el ibuprofeno y el naproxeno pueden ayudar con el dolor leve a moderado. Para el dolor más intenso, los médicos podrían recetar medicamentos más potentes. Ahorrar energía al dosificar las actividades y tomar descansos también es importante.

Mantener la movilidad y la flexibilidad

El estiramiento regular y el ejercicio son fundamentales para mantenerse móvil y flexible con AS. Los estiramientos suaves, como los de la columna, las caderas y los hombros, pueden reducir la rigidez. Los ejercicios de bajo impacto, como nadar, montar en bicicleta y practicar yoga, son buenos para la salud de las articulaciones. La fisioterapia puede ayudar con las rutinas de estiramiento y ejercicio.

Aquí hay algunos estiramientos recomendados para las personas con AS:

Estiramiento Descripción Frecuencia
Giro espinal sentado Siéntese con las piernas cruzadas y gire suavemente el torso hacia cada lado 3-5 veces por cada lado, 2-3 veces al día
Estiramiento de los flexores de la cadera Arrodíllese con un pie hacia delante e incline el peso sobre la pierna delantera Mantener 20-30 segundos por cada lado, 2-3 veces al día
Rotaciones de hombros Rote lentamente los hombros hacia delante y hacia atrás 10-15 veces en cada dirección, 2-3 veces al día

Bienestar emocional y apoyo

La AS puede afectar mucho a la salud mental. Es vital recibir apoyo de la familia, los amigos y los profesionales de la salud. Unirse a un grupo de apoyo puede ofrecer una sensación de comunidad. Actividades como la meditación y los pasatiempos también pueden ayudar al bienestar emocional.

Afecciones asociadas y complicaciones

La espondilitis anquilosante afecta principalmente a la columna y las articulaciones. Pero también puede causar otros problemas de salud. Entre ellos se incluyen problemas oculares, enfermedad cardíaca y un mayor riesgo de osteoporosis y fracturas.

Uveítis y salud ocular

La uveítis, un tipo de inflamación ocular, es común en las personas con espondilitis anquilosante. Afecta la capa media del ojo. Los síntomas incluyen enrojecimiento, dolor, visión borrosa y sensibilidad a la luz.

Si no se trata, la uveítis puede causar problemas oculares graves. Entre ellos se incluyen cataratas, glaucoma y pérdida de visión. Los exámenes oculares regulares y el tratamiento con gotas o pastillas pueden ayudar a controlar la uveítis y proteger la salud ocular.

Preocupaciones cardiovasculares

Las personas con espondilitis anquilosante tienen un mayor riesgo de enfermedad cardíaca. La inflamación crónica puede causar la acumulación de placa en las arterias. Esto las estrecha y reduce el flujo sanguíneo.

Esto puede aumentar el riesgo de ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares y otros problemas cardíacos. La movilidad limitada y una menor actividad física también elevan los riesgos de enfermedad cardíaca. El ejercicio regular, una dieta saludable y los controles de la salud cardíaca pueden ayudar a reducir estos riesgos.

Osteoporosis y riesgo de fracturas

La espondilitis anquilosante puede aumentar el riesgo de osteoporosis. Esto se debe a la inflamación, la inmovilidad y ciertos medicamentos. Estos factores pueden provocar pérdida ósea y un mayor riesgo de fracturas.

Para reducir el riesgo de osteoporosis y fracturas, los pacientes deben hacer ejercicio con regularidad. También deben ingerir suficiente calcio y vitamina D. Las gammagrafías de densidad ósea y, si es necesario, medicamentos como los bifosfonatos pueden ayudar a mantener la salud ósea.

Avances en la investigación y el tratamiento

Los últimos años han traído grandes avances en la comprensión y el tratamiento de la espondilitis anquilosante. Esto ofrece esperanza de una vida mejor para quienes padecen esta afección crónica. Los ensayos clínicos lideran el camino, explorando nuevas terapias que actúan sobre las vías clave de la enfermedad.

Un área emocionante es la medicina personalizada basada en perfiles genéticos. Los investigadores buscan marcadores genéticos como HLA-B27 para hacer que los tratamientos sean más eficaces y menos perjudiciales. La investigación genética también nos ayuda a comprender cómo interactúan los genes y el entorno en la enfermedad.

Área de investigación Impacto potencial
Ensayos clínicos Investigación de nuevas terapias para mejorar los resultados y reducir los síntomas
Medicina personalizada Adaptación del tratamiento en función de los perfiles genéticos individuales para una eficacia óptima
Investigación genética Aclaración del papel de los factores genéticos en el desarrollo y la progresión de la enfermedad
Terapias dirigidas Desarrollo de tratamientos que actúan de forma selectiva sobre vías inflamatorias clave

La investigación también estudia terapias dirigidas que actúan sobre vías inflamatorias específicas. Estos nuevos métodos buscan controlar mejor la enfermedad al tiempo que reducen los efectos secundarios de los fármacos de amplio espectro.

A medida que aprendemos más sobre la espondilitis anquilosante, nos acercamos a mejores tratamientos. Al utilizar ensayos clínicosmedicina personalizada e investigación genética, avanzamos hacia tratamientos más precisos, eficaces y seguros para quienes padecen esta afección.

La espondilitis anquilosante y la vida laboral

Vivir con espondilitis anquilosante puede dificultar el trabajo. A medida que empeora, realizar las tareas laborales se vuelve más difícil debido al dolor y la rigidez. Pero, con la ayuda adecuada, muchas personas pueden seguir desempeñándose bien en el trabajo.

Adaptaciones y ajustes

Los empleadores pueden ayudar proporcionando herramientas ergonómicas como escritorios y sillas ajustables. Estas ayudan a mantener la columna recta y reducen el dolor. Además, los horarios flexibles y los descansos pueden ayudar a controlar la fatiga.

Es fundamental que los empleados y los empleadores hablen abiertamente. De esta manera, pueden identificar y realizar los cambios laborales adecuados.

Discapacidad y derechos legales

Algunas personas con espondilitis anquilosante ya no pueden trabajar. La Americans with Disabilities Act (ADA) las protege de la discriminación laboral. Pueden obtener prestaciones por discapacidad como SSDI o SSI, según su afección y su historial laboral.

Es importante que quienes tienen espondilitis anquilosante conozcan sus derechos. Trabajar con médicos, empleadores y grupos de apoyo para personas con discapacidad puede ayudarles a mantener una buena vida laboral.

Preguntas frecuentes

P: ¿Cuál es la principal diferencia entre la espondilitis anquilosante y otras formas de artritis?

R: La espondilitis anquilosante es un tipo de artritis inflamatoria que afecta principalmente la columna vertebral y las articulaciones sacroilíacas. Es diferente de otros tipos de artritis, como la osteoartritis. La espondilitis anquilosante es un trastorno autoinmunitario que puede provocar la fusión de la columna. Esto conduce a dolor lumbar crónico.

P: ¿La espondilitis anquilosante es hereditaria?

A: La espondilitis anquilosante tiene una fuerte relación genética, pero no se transmite solo por herencia. El gen HLA-B27 aumenta el riesgo, pero no todas las personas que lo tienen desarrollan la enfermedad. Algunas personas sin el gen también pueden desarrollarla.

P: ¿Cuáles son los síntomas más comunes de la espondilitis anquilosante?

A: Los síntomas incluyen dolor de espalda crónico y rigidez matutina. A menudo las personas sienten fatiga y dolor en las articulaciones sacroilíacas. Otros signos son entesitis, dolor en el pecho y dolor articular en las caderas, las rodillas o los hombros.

P: ¿Cómo se diagnostica la espondilitis anquilosante?

A: Los médicos usan un examen físico, pruebas de imagen como radiografías o RM y análisis de sangre. Los análisis de sangre buscan marcadores de inflamación y el gen HLA-B27 para confirmar el diagnóstico.

P: ¿Qué tratamientos hay disponibles para la espondilitis anquilosante?

A: Los tratamientos incluyen AINE, DMARD y agentes biológicos (como los inhibidores del TNF) para combatir la inflamación y el dolor. La fisioterapia y el ejercicio son fundamentales para mantener la movilidad y la flexibilidad. Los cambios en el estilo de vida, como mantener un peso saludable y no fumar, también ayudan a controlar la enfermedad.

P: ¿La espondilitis anquilosante puede afectar otras partes del cuerpo además de la columna vertebral?

A: Sí, puede causar inflamación en los ojos (uveítis), los pulmones, el corazón y los riñones. Las personas que la padecen también pueden tener un mayor riesgo de osteoporosis y fracturas.

P: ¿Es posible llevar una vida normal con espondilitis anquilosante?

A: Con el tratamiento adecuado y cambios en el estilo de vida, muchas personas con espondilitis anquilosante pueden vivir bien. Esto incluye medicamentos, ejercicio, fisioterapia y adaptaciones en el lugar de trabajo. El apoyo de la familia, los amigos y los grupos ayuda con la parte emocional de vivir con una enfermedad crónica.

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