Artrosis vs osteoartritis: Entendiendo las diferencias clave
La artritis engloba diversas afecciones que afectan a las articulaciones, causando dolor y rigidez. Entre ellas, la osteoartritis (OA) es la más común, con 32 millones de afectados solo en EE.UU.
Muchas personas confunden los términos “artrosis” y “osteoartritis”. En realidad, ambos se refieren a la misma enfermedad degenerativa de las articulaciones. A diferencia de otras formas inflamatorias, como la artritis reumatoide, esta avanza gradualmente con la edad.
Este artículo busca aclarar las diferencias entre los principales tipos de artritis. Conocerlas ayuda a entender mejor los síntomas y tratamientos disponibles.
¿Qué es la artrosis y la osteoartritis?
Aunque suenen diferentes, ambos términos describen el mismo problema articular. Se trata de una enfermedad degenerativa que afecta principalmente al cartílago, el tejido que protege los huesos en las articulaciones.
Definición de artrosis
La artrosis es la degradación progresiva del cartílago. A diferencia de otras formas de arthritis, en etapas tempranas no presenta inflamación. Sin embargo, con el tiempo, puede causar cambios en los huesos adyacentes.
Definición de osteoartritis
La osteoartritis (OA) es el término médico más usado internacionalmente. Describe el mismo proceso: el desgaste del cartílago y la posterior afectación de la joint. Su nombre proviene de “-itis”, aunque inicialmente no sea inflamatoria.
¿Por qué se usan indistintamente?
La confusión surge de la evolución histórica. “Artrosis” (del griego “-osis”) enfatiza la degeneración, mientras que “osteoartritis” refleja la terminología médica moderna. Además, la literatura antigua mezclaba ambos conceptos.
Hoy, se prefiere “osteoarthritis” en estudios clínicos, pero en España aún predomina “artrosis”. Ambos se refieren a la misma condición.
Artrosis vs osteoartritis: diferencias fundamentales
Comprender las particularidades de esta afección articular ayuda a identificar mejor sus causas y evolución. Aunque comparten mecanismos similares, existen matices importantes en su desarrollo.
Orígenes y elementos desencadenantes
Los principales factores de riesgo incluyen:
- Edad avanzada: El desgaste natural aumenta después de los 50 años
- Exceso de peso: La obesidad multiplica la presión sobre articulaciones
- Lesiones previas: Fracturas o esguinces mal curados predisponen
En contraste, otras formas de artritis tienen causas distintas. La artritis reumatoide surge por fallos inmunitarios, mientras la gota se relaciona con altos niveles de ácido úrico.
Evolución del daño articular
La progresión sigue patrones característicos:
- Comienza en una sola articulación (rodilla, cadera o manos)
- El dolor aparece primero al moverse y luego en reposo
- En fases avanzadas puede deformar los huesos
Este avance difiere de enfermedades autoinmunes, que afectan múltiples articulaciones simultáneamente.
¿Cuándo aparece la inflamación?
Inicialmente no hay hinchazón notable. Sin embargo, en etapas posteriores pueden presentarse episodios inflamatorios intermitentes. Esto la distingue de otras variantes donde la inflamación es constante y más intensa.
Las mujeres posmenopáusicas tienen mayor predisposición debido a cambios hormonales. Este factor de riesgo específico explica su mayor prevalencia en este grupo.
Síntomas y diagnóstico
Identificar los síntomas a tiempo mejora el manejo de esta condición articular. Aunque comparten características, ciertas señales ayudan a diferenciarla de otras enfermedades reumáticas.
Señales comunes en la degeneración articular
El dolor articular empeora con el movimiento y mejora con el reposo. Es frecuente en rodillas, caderas o manos. La rigidez matutina dura menos de 30 minutos, a diferencia de otras artritis.
Otros indicadores incluyen:
- Crujidos al flexionar la articulación
- Hinchazón intermitente en etapas avanzadas
- Deformación ósea en casos graves
¿Cómo se confirma el diagnóstico?
El proceso incluye:
- Historial médico: Antecedentes de lesiones o sobrepeso
- Exploración física: Movilidad reducida o sensibilidad
- Pruebas de imagen: Para evaluar el daño estructural
| Prueba | Detecta | Uso principal |
|---|---|---|
| Radiografía | Osteofitos y estrechamiento articular | Diagnóstico inicial |
| Resonancia Magnética (RMN) | Daño en cartílago y tejidos blandos | Casos complejos |
| Análisis de líquido sinovial | Excluir infecciones o gota | Diagnóstico diferencial |
Los marcadores inflamatorios (PCR, VSG) suelen ser normales en etapas tempranas. La escala Kellgren-Lawrence clasifica la gravedad en radiografías.
Tipos de artrosis y zonas afectadas
El desgaste articular puede manifestarse en diferentes zonas del cuerpo, cada una con características propias. La ubicación influye en los síntomas y factores de riesgo asociados. Conocerlos ayuda a manejar mejor esta condición.
Artrosis cervical
Esta variante afecta las articulaciones del cuello, relacionándose con posturas laborales prolongadas. Un estudio coreano vinculó el consumo excesivo de café (7+ tazas/día) con mayor incidencia en hombres.
Síntomas comunes:
- Dolor al mover el cuello o levantar objetos
- Vértigos por compresión de nervios
- Rigidez matutina en la nuca
Artrosis de rodilla y cadera
Las rodillas soportan hasta 6 veces el peso corporal al caminar. Factores como el IMC elevado o meniscectomías previas aceleran el daño al cartílago.
En caderas, la carga axial es determinante. Síntomas clave:
- Dolor al subir escaleras o levantarse
- Crujidos audibles al flexionar
- Limitación para calzarse los zapatos
Artrosis en manos y columna
En manos, destacan los nódulos de Heberden (en dedos) y Bouchard (en articulaciones medias). Profesiones como pianistas tienen mayor riesgo por sobreuso.
La columna lumbar suele afectarse en trabajos con carga de peso. Datos relevantes:
- 75% de casos se localizan en vértebras lumbares
- Dolor irradiado a piernas en fases avanzadas
- Pérdida de flexibilidad al inclinarse
Tratamientos y manejo del dolor
Controlar el dolor articular requiere un enfoque multidisciplinario adaptado a cada persona. Los especialistas recomiendan comenzar con medidas conservadoras antes de considerar opciones invasivas. La clave está en combinar diferentes estrategias para mejores resultados.
Medicamentos y terapias no invasivas
El ejercicio moderado es la base del tratamiento no farmacológico. Actividades como natación o ciclismo fortalecen músculos sin dañar articulaciones. Los fisioterapeutas diseñan rutinas personalizadas.
Entre los fármacos más usados destacan:
- Analgésicos simples (paracetamol)
- Antiinflamatorios no esteroideos (ibuprofeno)
- SYSADOA como sulfato de glucosamina
La magnetoterapia y ultrasonidos son terapias físicas con evidencia científica. Algunos estudios muestran mejoría en movilidad tras 10 sesiones.
Intervenciones quirúrgicas
Cuando fallan otros métodos, la cirugía puede ser necesaria. La artroscopia limpia tejidos dañados en casos leves. Es mínimamente invasiva con recuperación rápida.
Opciones para casos avanzados:
| Procedimiento | Ventaja | Tiempo recuperación |
|---|---|---|
| Osteotomía | Corrige ejes articulares | 8-12 semanas |
| Prótesis articular | Elimina dolor severo | 3-6 meses |
Terapias alternativas y recomendaciones
Algunos pacientes encuentran alivio con acupuntura o suplementos como colágeno. La evidencia es limitada pero pueden complementar otros tratamientos.
Consejos prácticos:
- Mantener peso saludable reduce carga articular
- Usar calzado adecuado amortigua impactos
- Aplicar calor/frío según necesidad
El enfoque ideal combina tratamiento médico con autocuidado. Revisiones periódicas permiten ajustar estrategias según progresión.
Claves para prevenir y convivir con la artrosis
Mantener un estilo de vida activo es fundamental para reducir los factores de riesgo. Perder peso, por ejemplo, disminuye hasta un 50% la presión sobre las rodillas por cada 5 kg menos.
El ejercicio moderado fortalece músculos y mejora la movilidad. Rutinas como fortalecimiento de cuádriceps y ejercicios de propiocepción son ideales. Combinarlos con una dieta mediterránea rica en vitamina D potencia los resultados.
Pequeños cambios marcan la diferencia: usar calzado adecuado, adaptar el puesto de trabajo o emplear ortesis en actividades exigentes. Programas educativos, como las Escuelas de Espalda, enseñan técnicas de prevención efectivas.
Tecnologías como wearables ayudan a monitorizar la actividad física. La clave está en cuidar las articulaciones sin dejar de moverse.







